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Solito | Javier Zamora

2 de septiembre de 2026 por
Ángela Cecilia Lovo
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Hace algunos años, participé en un proyecto de construcción en Chalatenango, una oportunidad envidiable para muchos colegas debido a lo que representa una experiencia profesional de tal magnitud. Como parte de las condiciones sociales de la institución gubernamental que lo contrató, se requería la incorporación de un porcentaje determinado de personal de la zona. De este modo, se establecieron convenios con instituciones educativas cercanas y se emplearon a numerosos jóvenes recién graduados; los varones, casi todos ellos técnicos en ingeniería, asistían en labores de campo, mientras que la mayoría de las mujeres eran graduadas del profesorado y trabajaban como asistentes en áreas administrativas del proyecto. Sin embargo, había un fenómeno que ocurría casi a diario: de repente, alguno dejaba de asistir al trabajo, y al preguntar por ellos, la respuesta era invariable: “se fue para allá” (Estados Unidos) o que su mamá, su papá o su hermano “lo mandó a traer”, y en todos los casos, sin excepción, se “iban de mojado” y lastimosamente supimos de la pérdida de alguno de ellos.

La acción de “irse”, es decir, abandonar el país natal, también conocido como migrar, es catalogada por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) como el movimiento de una persona o grupo de personas de una unidad geográfica a otra, a través de fronteras administrativas o políticas, con el deseo de establecerse de forma temporal o definitiva en un lugar diferente al de origen. Es fácil entender, sin mayores análisis, que la migración, como fenómeno histórico, ha influido en la formación y organización de las naciones. Ejemplos de ello se encuentran en la colonización europea del continente americano, el traslado masivo y forzado de esclavos desde África entre los años 1500 y 1800, así como las oleadas de migrantes europeos hacia Estados Unidos, Nueva Zelanda, Suramérica y Australia a inicios del siglo XX.

La migración no es solo un fenómeno de carácter estadístico o político; es un drama social y familiar de gran envergadura que ha transformado incluso el concepto mismo de familia. Se sabe que un porcentaje considerable de la población salvadoreña ha decidido optar por la migración internacional como una estrategia para mejorar su calidad de vida como respuesta a diferentes factores sociopolíticos en El Salvador, tales como la inestabilidad laboral, los bajos salarios, la situación de guerra que afectó al país entre las décadas de los 70 y 90, así como la persecución política y la inseguridad social provocadas por la problemática de las maras. Se estima que aproximadamente un tercio de la población salvadoreña reside fuera del país, y de esta, más del 90 % vive en Estados Unidos.

Para aquellos que migran de manera irregular, muchas veces este viaje representa un tortuoso camino, en el que se registran muchas veces casos de violaciones a sus derechos, denigración se su integridad y dignidad, así como secuestros y extorsiones durante el proceso, además de la pérdida de muchas vidas. En "Solito", el autor presenta este drama desde la perspectiva de un niño que no logra comprender del todo las implicaciones del “viaje” que está realizando para reunirse con sus padres, mostrando su ilusión por ese esperado encuentro, así como su tristeza ante la pérdida de la familia que lo ha cuidado; todo ello expuesto para la reflexión del lector adulto.

Este mes de septiembre, en el que celebramos nuestra literatura nacional, honremos también a través de esta lectura a familiares, amigos, conocidos y demás compatriotas que se han visto obligados a migrar por diversas razones, y especialmente a aquellos que, lamentablemente, no lograron completar dicha travesía.

Ángela Cecilia Lovo 2 de septiembre de 2026
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