En agosto de 1940, León Trotski fue asesinado en su casa de Coyoacán, México, por Ramón Mercader, un comunista español que logró infiltrarse en su círculo más cercano. Detrás de aquel crimen había años de persecución, conspiraciones y purgas ordenadas desde la Unión Soviética de Stalin.
A partir de este episodio histórico, Leonardo Padura construye en El hombre que amaba a los perros una ambiciosa novela sobre las utopías políticas del siglo XX y el precio que pagaron quienes quedaron atrapados entre ellas.
Publicada en 2009, la obra entrelaza la vida de Trotski durante sus años de exilio, el largo proceso mediante el cual Ramón Mercader fue preparado para convertirse en su asesino y la historia ficticia de Iván, un escritor cubano frustrado que, décadas más tarde, conoce en una playa de La Habana a un misterioso hombre acompañado por dos perros. De ese encuentro surgirá un relato capaz de conectar lugares y épocas aparentemente distantes.
A través de estos tres personajes, Padura reconstruye más de medio siglo de historia y convierte un crimen conocido de antemano en una investigación mucho más amplia sobre sus causas y consecuencias. Más que narrar un magnicidio, Padura se pregunta qué ocurre cuando una idea que prometía transformar el mundo termina devorando a quienes creyeron en ella.
Leonardo Padura
Leonardo Padura Fuentes nació en La Habana, Cuba, en 1955. Estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de La Habana y comenzó su trayectoria profesional como periodista, experiencia que dejaría una huella importante en su forma de investigar y reconstruir ambientes históricos.
Alcanzó reconocimiento internacional especialmente gracias a las novelas protagonizadas por el detective Mario Conde, personaje que le ha permitido retratar la sociedad cubana contemporánea desde una perspectiva crítica y profundamente humana. Entre ellas se encuentran Pasado perfecto, Vientos de cuaresma, Máscaras, Paisaje de otoño y La neblina del ayer.
Su obra, sin embargo, ha trascendido ampliamente el género policial. Novelas como El hombre que amaba a los perros, Herejes o Como polvo en el viento combinan investigación histórica, reflexión política, memoria, exilio y una mirada persistente sobre las relaciones entre los individuos y las sociedades en las que les ha tocado vivir.
El hombre que amaba a los perros es una de sus obras más reconocidas y ambiciosas. Para escribirla, Padura realizó una extensa investigación sobre Trotski, Mercader, el estalinismo, la Guerra Civil española y las redes de espionaje soviéticas, pero utilizó ese material no para escribir un ensayo histórico, sino para construir una novela en la que los acontecimientos públicos son inseparables de las vidas privadas.
En 2012 recibió el Premio Nacional de Literatura de Cuba y en 2015 fue distinguido con el Premio Princesa de Asturias de las Letras, consolidándose como una de las figuras más importantes de la literatura cubana y latinoamericana contemporánea.
¿Por qué leerlo?
Porque El hombre que amaba a los perros parte de una pregunta histórica —¿cómo se llegó al asesinato de Trotski?— para terminar planteando otras mucho más incómodas: ¿hasta dónde puede llevarnos la fidelidad a una idea?, ¿en qué momento una causa que pretende liberar al ser humano comienza a exigirle obediencia?, ¿qué responsabilidad conserva quien actúa convencido de estar sirviendo a un bien superior?
Padura evita reducir su historia a un enfrentamiento sencillo entre héroes y villanos. Le interesan las contradicciones, las renuncias y los mecanismos mediante los cuales las personas justifican sus decisiones. Trotski, Mercader e Iván pertenecen a épocas y circunstancias diferentes, pero los tres experimentan de alguna manera el choque entre aquello en lo que creyeron y aquello en lo que terminó convirtiéndose la realidad.
También vale la pena leerla por su capacidad para devolver una dimensión humana a acontecimientos que suelen aparecer resumidos en unas pocas líneas de los libros de historia. Sabemos desde el principio quién murió, quién lo mató y quién ordenó el crimen. El misterio no consiste en descubrir al asesino, sino en comprender cómo un hombre llegó a convertirse en ese asesino y qué clase de mundo hizo posible ese recorrido.
Y en medio de Trotski, Stalin, la Guerra Civil española, Moscú, París, México y La Habana, permanece Iván: un personaje aparentemente pequeño frente a la magnitud de los acontecimientos históricos. Su presencia recuerda que las grandes utopías, las revoluciones y los sistemas políticos no existen solamente en discursos, manifiestos y libros de historia. Sus consecuencias terminan llegando a la vida cotidiana de personas que muchas veces ni siquiera participaron en las decisiones que determinaron su destino.
Quizá allí se encuentre una de las mayores virtudes de El hombre que amaba a los perros: mostrarnos que detrás de la Historia escrita con mayúscula siempre existen muchas historias individuales. Y que conocerlas puede ser una forma distinta —y acaso más profunda— de comprender el pasado.
Quedan cordialmente invitados a acompañarnos en la lectura de El hombre que amaba a los perros, nuestra lectura de Enero en la viñeta de Novela histórica.
El hombre que amaba a los perros | Leonardo Padura