La amiga estupenda | Elena Ferrante

"El reto para quien escribe es llenar la distancia entre lo que vives y lo que cuentas, sentir físicamente el impacto de la narración, acercar el pasado de las personas a las que hemos querido, de las vidas ajenas tal como las hemos observado... Una historia, para tener forma, tiene que cruzar muchas barreras. A menudo, empezamos a escribir demasiado pronto, y las páginas aún están frías. Solo cuando la historia se acopla a nosotros como un guante, ha llegado el momento de contarla." Elena Ferrante


Una amiga no nos cambia, pero sus cambios se unen discretamente a los nuestros 
en un continuo y recíproco esfuerzo de adaptación. Elena Ferrante

La amiga estupenda, lectura de junio de 2022 en el Club de la Buena Estrella, es una propuesta de Loida Pineda.

SINOPSIS

Se trata del primer libro de la tetralogía Dos amigas que tiene como telón de fondo la ciudad de Nápoles a mediados del siglo pasado y como protagonistas a Nanú y Lila, dos jóvenes mujeres que están aprendiendo a gobernar su vida en un entorno donde la astucia, antes que la inteligencia, es el ingrediente de todas las salsas. La relación a menudo tempestuosa entre Lila y Nanú tiene a su alrededor un coro de voces que dan cuerpo a su historia y nos muestran la realidad de un barrio pobre, habitado por gente humilde que acata sin más la ley del más fuerte, pero La amiga estupenda es mucho más que un trabajo de realismo social: lo que aquí tenemos son unos personajes de carne y hueso, que intrigan al lector y nos deslumbran por la fuerza y la urgencia de sus emociones.

Correspondiente a la viñeta "Literatura italiana", el libro La amiga estupenda (Traducción del título "L'amica geniale") de Elena Ferrante, nos conduce por las calles de un barrio pobre de la ciudad de Napoles en los años sucesivos a la segunda postguerra del siglo XX. 

La trama de transcurre mientras Lenù (Elena Greco) y Lila (Raffaella Cerullo) -vecinas desde los 6 años-, crecen, tejen sueños y enfrentan desafíos que anteceden (y propician) el curso que tomará la vida de cada una en medio de un vaivén de emociones y contradicciones propias de la adolescencia y de la vida en un contexto social determinado y determinante.

En las barriadas pobres vale más ser listo que ser brillante, en eso radica a veces la supervivencia. Lenù y Lila nos lo recuerdan en medio del espacio social en el que van creciendo y en el que convierten su amistad en un amuleto para la supervivencia, donde lo común las une y lo diferente las sostiene en medio de un camino que se recorre entre la admiración y el antagonismo en un tiempo a mediados de un siglo donde cambiaron muchas cosas, entre ellas la manera de ser mujer y de enfrentar los desafíos del mundo. 

El amor mutuo por la lectura y la escritura es el eje alrededor del cual giran los aconteceres de esta historia que nos hace recordar que las relaciones interpersonales se mueven entre la oscuridad y la pureza a la vez, que entre el negro y el blanco existen muchos tonos de azul y que sobre esa premisa se recorren trayectos al lado de personas dejando huellas y permitiendo que nos toquen el corazón. 

Es imposible leer este libro sin recordar nuestro propio camino de amistades compartidas, casi tan imposible como evitar rendirse a la pluma de esta escritora acaso “geniale” que desde los primeros párrafos del libro nos hace saber que tenemos ante nosotros un libro estupendo.

“Lila y Nanú compran un ejemplar de Mujercitas, un ejemplar propio. Lila ya lo conocía, lo había leído y quería tenerlo para devorarlo una vez tras otra. En cuanto fueron propietarias del libro, explica Lenù, comenzaron a verse en el patio para leerlo unas veces en silencio y otras, en voz alta, pero siempre una junto a la otra. La lectura de Mujercitas les duró meses, lo leyeron tantas veces que el ejemplar terminó rompiéndose, desgajado como una mandarina, perdió el lomo y comenzaron a salírsele los hilos hasta su total fragmentación. Pero, al fin y al cabo, era suyo, el primer libro que poseyeron. Seguramente sea en ese momento exacto cuando las dos niñas que eran entonces se hicieron amigas. Sin esa lectura conjunta de Mujercitas, no habría saga, se hubieran ido cada una por su lado.” 
Elena Ferrante


Elena Ferrante


ESCRITURA Y ANONIMATO


El seudónimo Elena Ferrante se presentó en las librerías italianas en 1992, pero fue en 2012 cuando se empezó a hablar de lo que se conoce como el fenómeno Ferrante con la publicación de la primera novela de su tetralogía Dos amigas, que rápidamente se convirtió en un éxito de ventas internacional.

Al momento de hablar de sus personajes aparece una certeza que puede comprobarse en sus ficciones en las que no hay malos o buenos, extremos observados con una vara moral. 

DOS AMIGAS

La tetralogía Dos amigas, protagonizada por Lila y Lenù dentro de un universo napolitano en el que la autora se hace cargo de la época, de los conflictos de cada período y de las decisiones de dos mujeres que desafían a su clase para proyectar destinos diferentes -fundamentalmente- a los de sus madres.

Sobre sus personajes dice "Se me antojan falsos cuando muestran una nítida coherencia; me enamoro de ellos cuando dicen una cosa y hacen lo contrario".

Y en una reflexión acerca de cómo trabajó a esas dos protagonistas de las novelas encontramos una definición acerca de lo que es para Ferrante escribir.

"La escritura es, en definitiva, una jaula en la que nos metemos enseguida, desde la primera línea que escribimos", el desafío consiste en aprender a utilizar con libertad la jaula en la que nos encontramos encerradas. Se trata de una dolorosa contradicción: ¿cómo utilizar con libertad una jaula, ya sea esta un género literario sólido o costumbres expresivas consolidadas o incluso la lengua misma, el dialecto". Para Elena Ferrante, el dialecto es casi un tema recurrente: confiesa que escrito siempre le resultó artificial y lo borró, desistió de incorporarlo, en cambio lo transformó en un italiano con entonación napolitana. A su oído le resultaba una traición esa transcripción. De esos detalles se van construyendo los personajes de sus libros, hombres y mujeres que están dispuestos a pagar costos por moverse en el mundo, que están atravesados por la violencia pero también la saltan, se la apropian y se vuelven a parar ante sus posibilidades.

Las mujeres sin duda son las que pagan los costos más altos: en muchos casos es la locura las que las define, las victimiza y las expulsa de esa vida en sociedad en la que la maternidad no es un rol dado, establecido y adaptable para todas por igual. Están las que se entregan al cuidado -las menos-, las que aun amando a sus hijos deciden alejarse o priorizar caminos personales en los que ellos no entran, aunque sea por un tiempo.

La escritora dice que el relato de la escritura de esas protagonistas es "el hilo que mantiene unido todo el encuentro-desencuentro de las dos amigas y con él, la ficción del mundo, de la época en la que ellas actúan". (Fuente: Télám)

ANONIMATO

No son pocos los autores a lo largo de la historia que, por distintas razones, han recurrido a un seudónimo para dar a conocer sus obras.

 El diácono anglicano Charles Lutwidge Dodgson, firmó “Alicia en el país de las maravillas” (1865), su obra más conocida, como Lewis Carrol. Lo hizo porque quería separar su vida privada de la literaria, lo mismo que George Orwell, que adoptó su seudónimo para no avergonzar a sus padres. A veces el éxito ha enmascarado el nombre real de muchos autores. Que J.K Rowling firmase con nombre de hombre una novela para adultos en 2013, solo tuvo que ver con intentar huir de la fama. Entonces fue Robert Galbraith.

A propósito de este punto, encontré algo que ella dijo en una de las pocas entrevistas (vía correo electrónico) que ha concedido.
Un lector debe establecer con un texto una relación de confianza. La atención mediática que está totalmente fundada en dar cuerpo y voz a la estrella del momento ha acostumbrado a los lectores a la idea que cuenta más el contacto con la miserable existencia del productor de las obras que con la obra misma. Escaparse de esta forma, se desvía de la confianza, la daña. De otra parte, no siento que pueda comunicarme de otro modo sino es escribiendo. El hecho de no aparecer no sirve para procurarme lectores, sino para escribir en libertad”. Elena Ferrante

Esa respuesta tan auténtica me hizo reflexionar sobre mi propio hacer como lectora, como buena militante de este club, estoy acostumbrada a conocer de antemano al autor o autora de la obra que leo y agradezco el tiempo que en el club dedicamos para escudriñar biografías intentando descubrir detalles y -por qué no- algún desliz de los autores que leemos, al esfuerzo por conseguir organizar conversatorios y la oportunidad de hacer alguna pregunta o hacernos de un autógrafo en el ejemplar que hemos leído y todo eso siempre me ha parecido bueno, emocionante y a la vez un auténtico plus al mero placer de leer.

Sin embargo, sobre Elena Ferrante no solo nosotros, sino todo el universo que la lee tiene que conformarse hasta el momento con la especulación que en ciertos aspectos llega a ser más bien una adivinación misteriosa e intrigante respecto a prácticamente todos los aspectos sobre quién es, qué edad tiene, se ha casado, cuántas veces, es madre, no lo es, tiene familia, hermanas, hermano, pero no sabemos nada, solo puras ataduras de cabos. Por ejemplo, se especula que es napolitana, que es madre, se llegó a pensar que incluso no es una mujer, o que no es una sola persona sino tal vez una pareja que escribe a dos manos, etc. 

Si nos ponemos a buscar un poco en Internet sobre la identidad de Elena Ferrante, podemos encontrar el trayecto de una verdadera cacería, el interés por saber quién se escondía detrás del seudónimo y la presión sobre sus editores, Sandro Ferri y Sandra Ozola, para que lo desvelaran ha llegado a límites de locura: detectives, periodistas, exposición de cuentas bancarias, hackeo de redes sociales, creo que si vamos más allá probablemente habrá consultas con adivinos, preguntas a las cartas del tarot, estudio de los astros en el firmamento, y quien sabe qué cosas más, todo para evitar que una personas que decide ser anónima lo consiga, después de todo vivimos los tiempos donde la exposición pública es prácticamente una forma de vida y al parecer el anonimato se considera una especie de traición.

Al respecto, varios nombres salieron a la luz a lo largo de los años, el más pujante es el de Anita Raja, la directora de la serie Azzurri que había publicado L'amore molesto, pero también se sospecha de Goffredo Fofi, consultor, traductor y amigo íntimo de los editores Sandro Ferri y Sandra Ozzola. Otros recurrentes son Domenico Starnone, marido de Raja, Fabrizia Ramondino y Michele Prisco.

El periodista italiano Claudio Gatti inició una investigación para descubrir quién era en realidad Elena Ferrante llegando en 2016 incluso a publicar un reportaje sobre las cuentas de la editorial E/O para demostrar que la traductora italiana Anita Raja era la misma persona que Ferrante. Esa información llegó a ser confirmada desde el perfil de Twitter de Anita Raja, aunque después se supo que había sido el periodista Tommaso Debenedetti, conocido por publicar entrevistas falsas con famosos, quien la había suplantado en la red social. Ni la editorial ni la propia Anita Raja han confirmado al sol de hoy nunca estas afirmaciones.

Personalmente pienso que dedicar más tiempo a especular sobre el misterio de la identidad privada de Elena Ferrante que a conocer su obra, me aleja del objetivo de la misma autora al escribir y por tanto, no voy a hacer conclusiones respecto a si es esta u otra persona, no daré por sentada ninguna de las teorías, no voy a asumir que sí es tal persona, más allá del hecho de que sí creo que se trata de una mujer, fuera de eso, el asunto de quién es Elena Ferrante para mí, queda cerrado.

“Si mañana me dijeran que Elena Ferrante es un hombre o que Elena Ferrante es un grupo de personas, me sentiría perdida, pensaría que quizá no soy tan buena lectora si no he podido leer entre líneas, ver engaño. Pensaría que hay algo misógino y perverso en la idea de encerrar la literatura en un seudónimo femenino cuando tantas, tantísimas veces a lo largo de la historia las mujeres han tenido que esconderse para escribir. Y al mismo tiempo, poco me importa la identidad de Ferrante porque sus libros estarán siempre conmigo, y Lenù y Lila están tan dentro de mí como la Jo March de Louisa May Alcott, la Elizabeth Bennett de Jane Austen o la Andrea de Laforet, todas ellas “chicas raras” como yo.” Carmen G. de la Cueva, Periodista, escritora y editora.

Ficha técnica

Estos son algunos de sus libros publicados. Además hay literatura infantil y artículos.

  • En los márgenes (2022) 
  • La vida mentirosa de los adultos (2020)
  • La invención ocasional (2019)
  • La hija oscura (2018)
  • La frantumaglia (2017)
  • La niña perdida (2015)
  • Las deudas del cuerpo (2014)
  • La amiga estupenda (2012)
  • Un mal nombre (2012)
  • Crónicas del desamor (2011)
  • Los días del abandono (2004) 
  • El amor molesto (1992) 

BIBLIOGRAFÍA

  • Lecturalia
  • El País
  • Télám 
  • Wikipedia 
  • Revista 
  • Librújula 
  • Revista CTXT 

Metas de lectura

La amiga estupenda se comentará en cinco reuniones, los jueves 2, 9, 16, 23 y 30 de junio.


Como una colaboración con mi amiga Loida he preparado esta entrada, aunque ella fue quien propuso y modera el libro. Esta es una publicación de María Ofelia Zúniga, con la revisión de Loida Pineda y con mucho cariño para los miembros del Club de la Buena Estrella.

Muchas gracias por leerla.

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